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Martes 24 de Febrero, Neuquén, Argentina
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“Neuquén ya es una sociedad envejecida”: cómo cambian las familias cuando deben cuidar a los adultos mayores

La magíster en Gerontología Cecilia Beitia advirtió que el crecimiento de la población mayor transforma la dinámica familiar y plantea nuevos desafíos sociales, económicos y emocionales. 

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Cecilia Beitia analizó los cambios sociales y familiares que genera el cuidado de los adultos mayores.

El envejecimiento poblacional dejó de ser una proyección futura para convertirse en una realidad concreta en Neuquén. Así lo afirmó la magíster en Gerontología y profesora adjunta de la cátedra Familia de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), Cecilia Beitia, quien analizó los cambios sociales y familiares que genera el cuidado de los adultos mayores durante una entrevista en el programa Entretiempo, por AM550.

“Históricamente se decía que Neuquén era una población joven, pero hoy ya podemos afirmar que es una población envejecida”, sostuvo la especialista, al explicar que la provincia superó el 12% de habitantes mayores de 60 años, muy por encima del 7% que la Organización Mundial de la Salud establece como indicador de envejecimiento poblacional.

 

Más años de vida, nuevos desafíos

Para Beitia, el aumento de la expectativa de vida representa un logro sanitario, pero también plantea nuevas responsabilidades sociales. “La biología hizo bien su trabajo: las personas viven más años. Ahora nos toca desde lo social y lo psicológico darle calidad de vida a esos años”, explicó.

Beitia explicó que el envejecimiento de los padres suele representar un fuerte impacto emocional para las familias. “No estamos preparados para ver envejecer a nuestros padres", afirmó.

La especialista remarcó que la vejez no es uniforme. “Hay tantas vejeces como personas mayores. La vejez es más biografía que biología”, señaló, al destacar que no solo importa la edad cronológica sino la historia de vida, la autonomía y los vínculos sociales de cada persona.

“Históricamente se decía que Neuquén era una población joven, pero hoy ya podemos afirmar que es una población envejecida”, sostuvo la especialista, al explicar que la provincia superó el 12% de habitantes mayores de 60 años, muy por encima del 7% que la Organización Mundial de la Salud establece como indicador de envejecimiento poblacional.

Quién cuida a los adultos mayores

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue el rol del cuidado dentro de las familias. Según explicó, la mayoría de los adultos mayores vive en sus hogares y no en instituciones: apenas un 2% reside en espacios de larga estadía.

el aumento de la expectativa de vida representa un logro sanitario, pero también plantea nuevas responsabilidades sociales, resaltó la especialista.

En ese contexto aparece una figura cada vez más frecuente: la “generación sándwich”, integrada por personas de entre 45 y 65 años que cuidan simultáneamente a sus padres mayores y a sus propios hijos. “Quedan en el medio de los cuidados. Eso genera estrés, sobrecarga y muchas dudas sobre si están haciendo bien las cosas”, indicó.

Además, señaló que el cuidado sigue recayendo mayormente en mujeres —hijas, nueras o esposas— y muchas veces sin preparación previa ni acompañamiento profesional.

 

El impacto emocional y económico

Beitia explicó que el envejecimiento de los padres suele representar un fuerte impacto emocional para las familias. “No estamos preparados para ver envejecer a nuestros padres. Es doloroso cuando aparecen las primeras fragilidades”, afirmó.

A esto se suma la variable económica: jubilaciones mínimas, altos costos de cuidadores y dificultades laborales obligan a reorganizar la vida familiar. “Muchas veces alguien decide quedarse a dormir en la casa del adulto mayor o reorganizar horarios porque no alcanza para pagar un cuidador”, señaló.

La especialista aclaró que la institucionalización no debería ser la primera alternativa. En Argentina, explicó, predomina un modelo familiar de cuidado. “La familia argentina aloja y acompaña. El hogar no siempre es el primer paso”, sostuvo.

Antes de tomar esa decisión, recomendó evaluar dos conceptos clave: la autonomía (capacidad de decidir) y la independencia (capacidad de realizar actividades cotidianas como bañarse, vestirse o manejar dinero).

La especialista aclaró que la institucionalización no debería ser la primera alternativa. En Argentina, explicó, predomina un modelo familiar de cuidado. “La familia argentina aloja y acompaña. El hogar no siempre es el primer paso”, sostuvo.

Escuchar también es cuidar

En un contexto social marcado por la rapidez y la falta de tiempo, Beitia subrayó que uno de los cuidados más importantes es la escucha. “Vivimos en un mundo apurado. Pero darse tiempo para escuchar es calidad de vida”, expresó. Incluso explicó que repetir historias o recuerdos forma parte de procesos normales del envejecimiento y puede transformarse en una herramienta positiva llamada “reminiscencia”, que ayuda a reforzar la memoria y el vínculo emocional.

 

Un cambio social que llegó para quedarse

El envejecimiento poblacional también modifica la estructura urbana y social. Cada vez más adultos mayores migran para vivir cerca de sus hijos, aunque eso implique dejar su entorno de toda la vida.

“El traslado en la vejez puede ser un golpe muy fuerte porque se pierde la red social, el barrio y la independencia construida durante años”, advirtió.

Para la especialista, el desafío hacia el futuro será fortalecer políticas públicas, espacios comunitarios y acompañamiento profesional para familias que atraviesan este proceso. “Tenemos que aprender a transitar la vejez con respeto, fortaleciendo la autonomía y acompañando a las familias”, concluyó.

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