HISTORIAS COTIDIANAS

Había un espíritu en el boliche

Algo que te pasa a vos y a mí. Realidades que vivimos en Neuquén City.
martes, 22 de diciembre de 2015 · 13:29

-¿Vamos afuera? Hace mucho calor

-Dale, aparte este tema no me gusta tanto

Caminando hacia el patio de atrás, nos reíamos observando las caras demacradas de varios que en principio, habían llegado muy prolijos y que, con el paso de la noche, los vasos de alcohol que habían tomado parecían hacer efecto. Por supuesto que, algunos, solo estaban despeinados de tanto bailar.

-Dame un cigarrillo, ¿tenés? - Pregunté

-Sí, sí, esperá que encuentre el fuego ahora entre el desastre que hay en la cartera 

-Mirá, no te quiero asustar pero creo que lo ví a Martín – Le dije lo más disimuladamente a Amancay

-¡Ay no! ¿De verdad? ¿A mi izquierda? 

-Sí, ahí lo veo… Pará, pará, veo algo más interesante ¡Mirá! ¿Me parece a mí o el que está sentado ahí, está hablando solo?

Mirando hacia la izquierda de mi amiga observé a un joven, de entre 25 y 30 años, en las sillas de las mesas de afuera del boliche. El patio de ese lugar es muy amplio y hay varias mesas. Estaba hablando solo y gesticulaba de manera exagerada y, hasta enojado, me animo a decir.

-¿Vamos a preguntarle con quién habla? – Pregunté en sentido de chiste

-Siempre se te ocurren cosas completamente fuera de contexto – Me dijo seria

-De verdad…

-Bueno, vamos – (Amancay siempre tan difícil de convencer)

Nos acercamos a él…

-Disculpame… ¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Con quién hablás?

-Tomá asiento y te cuento – Me respondió de manera muy reflexiva

-No, no, contame si tenés ganas, yo estoy cómoda así

-Es un tema serio, tomá asiento – Insistió

-¿Me vas a decir que estás hablando con espíritu?

Tengo que aceptar que empezaba a sentirme culpable dado que me di cuenta que el joven estaba un poco pasado de copas y en parte, parecía ser que me aprovechaba de la situación para tener una anécdota graciosa. Sin embargo, la mirada de este desconocido era tan seria que sentía que realmente quería contarnos algo que lo frustraba o que tenía un alto grado de importancia en su vida.

-¿Querés que te responda con la verdad? Sí, estoy hablando con uno – Dijo mirándonos fijo

Mi amiga estábamos un poco preocupadas. Por alguna razón, decidimos continuar la charla, aunque ella no aportaba comentario alguno.

-¿Estás hablando con un espíritu? ¿Y en dónde está sentado? Pregunto porque hay varias sillas

-¿Querés saber dónde está sentado?

Era la segunda vez que respondía una de mis preguntas con otra pregunta y es algo que convierte mi paz en histeria. 

-Sí ¿Dónde está sentado? – Respondí desafiante

-Él está sentado arriba tuyo…

-¡Ay! ¿De verdad? ¿Por qué está sentado arriba mío? – Le pregunté entre carcajadas con mi amiga, razón por la cual empecé a pensar que yo era en ese momento una de esas personas de las cuales nos reíamos por su pequeño estado de ebriedad. Al parecer, nosotras estábamos ahora en ese estado. Principalmente, por mantener una charla de locos con un completo desconocido.

-Él está sentado justo arriba tuyo porque me dijo que te conoce desde hace mucho tiempo… y no es broma. Sabe cosas sobre vos y tu familia

-Aver… Si tanto sabe de mí ¿Qué puede decirte?

Me tenía muy entretenida. Amancay solo miraba.

-Me dijo que conoce tu corazón. No sabe si es bueno o malo, pero lo conoce desde hace mucho tiempo - Reiteró

-¿Cómo se llama?

-¿Querés saber cómo se llama?

-Sí. Quiero saber cómo se llama y que dejes de responder a mis preguntas con otras preguntas. La música sigue adentro y nosotros acá, hablando de un espíritu.

-Creo que vos sabés bien cómo se llama…

-¡¡No!! ¿Cómo se llama? – Mi paciencia estaba cual batería baja en 5%.

-Se llama Dios.

-Aaaaaaaaah, no. Estuvimos acá hablando por más de diez minutos para que nos digas, entre tantas vueltas, que querés darnos una charla sobre Dios. ¿Acá? ¿En el boliche? ¡Vamos Amancay!

Pero no, Amancay no quiso venir. Por el contrario, prefirió quedarse hablando con el sujeto, preguntándole si realmente pretendía dar charlas religiosas en un lugar que nada tenía que ver con eso. De hecho, mi amiga estaba hasta un poco enojada con él y yo empezaba a divertirme ahora por la charla que mantenían. Él le decía que Dios iba a perdonarle todos sus pecados y ella le preguntaba por qué razón no se iba a dormir para despertarse al otro día e ir a misa.

De repente… Escucho una muy buena canción para bailar y definitivamente, ya quería ir adentro. Amancay tardó un poco más porque al parecer estaba entretenida. En ese lapso de soledad, comencé a pensar:

¿Hasta dónde llegan hoy en día las charlas de ebrios en una salida de sábado por la noche? ¿Tuvimos suerte de habernos topado con un simple religioso desesperado y no con alguien que nos esperaría a la salida? ¿Acaso es graciosa la desgracia ajena?

No hay respuesta a esas preguntas o hay varias. Lo cierto es que gracias a la suerte que tuvimos, ya sabemos qué no debemos hacer en el boliche y que, por supuesto, no hay ningún espíritu en Primeros Pobladores al 2000.

 

Algo que te pasa a vos y a mí. Realidades que vivimos en Neuquén City.

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